Rafaela Tellaeche

 

Sobre Rafaela Tellaeche

CDMX, 1997

Rafaela Tellaeche es egresada de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, "La Esmeralda" en donde empezó su línea de producción bajo la instrucción de los maestros German Flores, Teresa Olmedo y Vicente Razo. Se encuentra actualmente realizando su tesis. Dentro de sus exposiciones más recientes destacan "MANOSEADA" una intervención in situ para Syntagma Collective, CdMx, 2019, "No solo se trata de mi" en la Galería Central del CNA, CdMx, 2019 y "#Emerging" en M.A.D.S., Milán, Italia, 2019. Su trabajo está permeado por la mano; se dedica a hacer ella misma todos los procesos de oficios como el grabado en relieve, en metal, el bordado, el textil y vaciados en cera. La definición de los oficios descansa en el trabajo manual, en la artesanía, considerada muchas veces por debajo del Arte. Su obra es un elogio, una oda a sus manos; se dedica a plasmarlas por medio de manías, de repeticiones y obsesiones. Le interesan mucho los juegos dentro del lenguaje y sus múltiples variantes como lo son el braille y el lenguaje de señas mexicano.

Me interesan las manos como medida metafísica, corpórea y creativa del individuo. La mano como símbolo y como signo, también como significado y a la vez como la constructora de signos y significados. Mis manías tienden a ser repetitivas, inquietas, táctiles, agitadoras, tienden a revolver dentro de sí mismas, definiéndose entre ellas y retroalimentándose. En el intento de escapar de la autorreferencialidad me encontré. Caí en cuenta de que no puedo escapar de ella porque es mi lente con el cual veo la realidad. Me gusta pensar que a veces –siempre– mi producción es un juego, me gusta jugar a ser artista. Me gusta jugar con diferentes formas de lenguaje. Encontrar bemoles en las formas de comunicar. La apertura a diferentes interpretaciones en un lenguaje, a los errores a propósito y la manipulación de ellos, es la poiesis. La pieza es autónoma. Me siento manoseada por mi obra, invadida por los sentidos de las piezas que tengo que hacer. De vez en cuando todo tiene sentido: cuando tengo un ritmo de producción constante, cuando mantengo mis manos ocupadas, haciendo pura necedad necesariamente innecesaria, pero completamente imprescindible.

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